Mientras continúa el éxito mediático de la presidencia Obama, el G20, el G8, y ningún otro organismo internacional parecen poder reestablecer la confianza política.
Se habló meses atrás de “brotes verdes” como efecto de buenas nuevas desde una etiqueta esperanzadora frente a la crisis, y días atrás Joseph Biden salió a decir que existe cierta distancia entre los dichosos brotes verdes y la realidad asfáltica de nuestras comunidades, “lo que hay se diferencia del mensaje (lo que quizá podría venir…)”.
No es casualidad que en la política de cabotaje los españoles tengan opiniones un tanto negativas (distinto de críticas) respecto del manejo de la crisis por parte del gobierno. Las europeas han sido una prueba de desconfianza, que el PP interpretó hacia el gobierno (PSOE), pero los resultados hablan de desconfianza al sistema político general con 55% de votos en blanco (y vengan las interpretaciones ideológicas a negarlo).
Y aunque en países representativos de la UE la opinión siga siendo más favorable a la confrontación de la crisis de Obama que la Bush, continua siendo baja la confianza. El meme de la “impredecible crisis” no alcanzó los efectos deseados, la gran mayoría no se lo cree, y razones no le faltan.
Es el sentido común el que nos alerta a quienes no entendemos nada de política que algo no funciona, y que la declaración sostenida en Londres de “crecimiento sostenible” es sencillamente insostenible.
Y la verdad, es que errores pueden aparecer hacia todos los puntos cardinales, pero una suerte de imposición política que antaño se denominaba imperialismo continua siendo la espada que pesa sobre los subdesarrollados del sur, aunque su dibujo deja de ser a rayas y estrellas para sumarle líneas de muchos colores y figuras nucleados en un autodenominado primer mundo en plena reestructuración política (para que nada cambie...).
En lo personal, creo que el mundo militante de toda organización política sostenida en ideologías del siglo XIX contribuye con su grano de arena. Su conservadurismo, la fatiga de innovar y la sumisión a imposiciones cupulares del partido no hacen más que consolidar la desconfianza.
Las estrategias partidarias en redes verticales como mecanismo reproductor de las estructuras preexistentes son una muestra indefectible de su misión, perpetuar en torno a la cúpula el nodo desde donde se dirije la sociedad post industrial. Y los resultados están a la vista.
Ya no hacen falta 20 años para evaluar esos resultados de mediano plazo, como cuando Internet no representaba un problema para sintetizar la realidad. Los partidos juegan la política como un partido de fútbol, mientras la política con la comunidad lo hace como los video-juegos: Cada fase no superada, es una vida menos que pone en peligro la supervivencia de la comunidad, hasta agotarlas.
Los políticos no tienen idea de lo que ocurre en el asfalto, en la forma en que se está agotando la alegría, y en la sucesión de errores que con buenas intenciones están haciendo sostenible “la crisis”. Pero no importa “la hinchada seguirá alentando”..
Seguro me enfrento a la crítica del positivismo por esta visión.Veamos pues si los positivistas se animan a cambiarla..
Reestructuración Política
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