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Cumplir con la palabra es única moneda capaz de justificar la credibilidad de un presidente norteamericano. Y Obama lo sabe, tanto como Bill Clinton que sufrió la inmediata caída de credibilidad por el solo hecho de mentir en el caso de en el caso Paula Jones y ante el gran jurado.
Si como reflejan los sondeos de opinión, el pueblo mayoritario de estadounidenses está de acuerdo con la reforma sanitaria, Obama cumplió con su defensa ante el Congreso, y cumplir en el recinto donde se buscan los consensos necesarios tiene su mérito.
La falta de un servicio público de salud transformó a la sanidad americana en una maquina de comercio que crece al ritmo del 10% anual, y del que desestima en muchos casos la atención de sus contratantes con la letra pequeña. Así se liberan de la obligación de atender enfermedades de elevados costes.
Si Obama avanza en los consensos, si en caso de no obtenerlos avanza sobre la gran presión de los grupos económicos que intentarán obstaculizar el servicio público, y si ante ambos fracasos se dispone a cumplir con el compromiso asumido con el pueblo estadounidense, la democracia habrá ganado una pulseada histórica en los EEUU, además de probar al mundo que es posible cumplir con el pueblo a pesar de las presiones.
Entonces, podremos decir que Obama es ese presidente que ha cumplido con honor su palabra. En tanto, sumamos el apoyo a la defensa que ha hecho de su promesa ante quienes poseen gran parte de responsabilidad de aprobar/rechazar en la apuesta demócrata.
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