Rayanair insulta el castellano, y putea de lleno a los españoles

Rayanair es la empresa que regula para sus clientes embarazadas, el espacio aéreo dentro de las fronteras españolas. Impone así su criterio para que los médicos ibéricos expidan documentos de viaje en lengua inglesa.

Los irlandeses de Ryanair, han suprimido de esta forma, toda agencia, parlamento, constitución y norma de vida y convivencia en España. Dándose el lujo de forzar el cambio de lengua española, idioma habitual de una porción importante de la humanidad, que abarca una geografía superior a la irlandesa y la dominante en superficie sajona.

Los hablantes de la lengua castellana, sumamos unos 550 millones, de acuerdo a los datos manejados por el filósofo argentino Alberto Buela. Estas cifras, distintas de las que están en dominio del propio Arturo Pérez-Reverte (450 millones) escritor y miembro de la RAE, bajo el imperio de la cultura ibérica (española y portuguesa) suman unos 800 millones. Ni Chinos ni sajones superan hoy, ni en prospectiva esta cifra...

No soy precisamente un hombre de letras, ni manejo tan extraordinariamente las mismas como Reverte o Buela, pero a diferencia de mucho idiota que preferiría el ingles al español, no reniego de mi cultura gaucha, y por tanto mestiza, incluida su lengua.

Pero me revelo de indignación en esta circunstancia, que Ryanair oculta con su actitud 2 hechos que pasan de la estupidez a la soberbia (lo expresaría así el escritor español), y de una triste, lamentable y patética ausencia de anticuerpos en la sociedad española, que a 48hs de la noticia no cuenta con plumas opositoras ni reivindicatorias del castellano, es patético. Me esperanzo.... me esperanzo, como siempre, como un ganso...

El primer acto de soberbia, es la pretensión dictatorial de una Pyme, con aire oligarca, que impone su ley a quien se ponga por delante; a sabiendas de tal pecado, sonríe con cara bonita, como si sus servicios fueran un favor para los clientes y los Estados. Impone su dictadura, la de la empresa y la del mercado.

El segundo acto desproporcionado de altanería, es el cuento de la superioridad de una lengua que pretende ser franca, mal traducida en muchos casos, y a la que le faltan palabras para redondear algunos conceptos; o se desinteresa por dialogar e imponer los suyos propios. Algo que ni el latín se permitió cuando fue lengua franca, se adaptó...

La resultante, es una serie de malentendidos catastróficos, que provocaron, provocan y continuarán provocando desencuentros. Suficiente es leer las ridículas elucubraciones inventadas que se montan de las pésimas traducciones conceptuales en ámbitos políticos o económicos. Y a reír o llorar, todo por la mitad, falseado u oscuro.

A esto, suma una pasividad insultante de las instituciones, literatos, filólogos, e hispano hablantes en Europa en general, para el caso en la geografía donde opera esta empresa, quienes no han repudiado esta actitud impropia de una civilización del siglo XXI. La empresa, unidad básica de la organización capitalista, se escuda en el individualismo excesivo de su política propia, en su normativa propia y en su propio capricho.

Los otros, los ausentes sin aviso en la defensa del castellano como lengua extendida por el mundo, se escudan en la pequeñez de sus sillones, asustados de confrontar por una puta vez con estos incultos que en su ego son tan oligarcas, que un día de estos decretarán que la única historia válida será la escrita en ingles...