Estimado Fowler (penguin-news), creo que mea fuera del tarro
El nacionalizado ingles (de origen americano), inventor de la Maxim, es quizá el perfecto ejemplo de como colonizan, civilizan y se utiliza la fuerza de ocupación. Durante la Primera Guerra Matabele sabrá el profesor que en 1893-1894, Inglaterra acorraló a 5.000 guerreros con cuatro ametralladoras, mientras caían como hojas para deleite de los mercenarios. Valga la reflexión para recordar que la colonización "grosso modo" produjo tantos genocidios como el perpetrado por Hitler, incluso la bomba sobre Hiroshima (la de hijos patrios) es un acto de genocidio como el bombardeo moral e indiscriminado de Churchill, nunca reconocido como tal.
La mala memoria olvida, la sangre que mancha las monarquías, con sus guerras en favor del puro interés de conseguir más súbditos que explotar y expropiar. Por fortuna solo existe un planeta tierra habitado y habitable, caso contrario también les importaría un comino devastarlo como ecosistema y esclavizar bajo el yugo monárquico cuanto sea posible y entienda susceptibles de derechos menores, inferiores...
Su solicitud de perdón es tardía, soberbia y desproporcionada, no es un pedido equitativo y equilibrado cuanto se funda (y me repetiré hasta hartar) en un supuesto derecho superior al de la primera generación de nativos en suelo Malvinense conocida.
Los argentinos solo participamos de guerras por nuestra independencia nacional (cuestión central que cualquier persona comprende, si existe voluntad). No existe a lo largo de nuestra vida política como nación (desde el 9 de julio, 1816) actitud de conquista, deseos de imperialismo o ansias desproporcionadas de poder.
Durante el mismo periodo de tiempo, por la participación en guerras, conquistas y genocidios, algunos deberían pedir perdón a media humanidad. De la trata de negros pasaron a guerras de opio, de ahí a matanza de indígenas americanos, africanos, hindúes, sin detener el deseo de sangre hasta Australia. No se privaron de ningún método para hacer, provocar, enemistar y conseguir perpetuar el poder imperial.
Nadie pidió aún perdón por ello Sr. Fowler, y es posible que nunca ocurra: Las monarquías civilizadas e ilustradas, en pleno uso de sus facultades y estupidez, son capaces de incendiar el mundo por un litro de petroleo, pero incapaces de aceptar que la libertad es sustancial a la naturaleza humana. Acusan a Hitler de déspota y no sienten la necesidad de mirarse al espejo por las privaciones de libertad, derechos, humanidad y tierra también a media humanidad.
Comprendo que en 1982, causó preocupación, dolor y miedo a los 2.000 habitantes de las Islas Malvinas, pero Sr. Fowler, da la impresión que Ud. siente estas víctimas civiles tienen un valor británico y cotizan más, que los 25 civiles autóctonos de 1883, que además eran de color café con leche y medios indios, no cotizaban ni como esclavos. Esto me parece una reverenda necedad.
Entiendo a la población isleña como pacífica, y además juzgo que como el pueblo británico en el continente europeo, han de ser muy buena gente. Los ingleses me han tratado muy bien en Londres, y en compañía de 2 ellos recorrí París con excelente feeling.
Pero debe recordarle que si bien no se puede olvidar 1982, tampoco 1833. Son hechos históricos y políticos, pero es hora de dejar de usarlo políticamente para sustentarse en cargos públicos. En la Isla, en Inglaterra y en Argentina. Éste método, el de la siembra del odio y la violencia verbal, gestual y simbólica, invalida toda acción política por demagoga. La elección, reelección y retención de poder mediante este método es canalla, lo utilizan los patanes, a quienes votan los idiotas y los ignorantes, que evidencian un destello de la decadencia de sus sociedades, de la incompetencia de sus instituciones educativas.
No se es joven por usar las nuevas tecnologías como algunos se vanaglorian de hacer, sino entendiendo su uso. Segundo, en el siglo XXI, tanta estupidez de un lado y otro es demencial. La decadencia democrática se transforma un producto exportable, tanto como la violencia. La sensatez, la comprensión de la época y el amor, se han vuelto obsoletas para construir puentes entre 2 naciones que merecen amistad. Inglaterra escueta de civilización, Argentina mermada de visión, los otros, los de palo a la cuestión de la soberanía, deberían como mínimo afinar la reflexión, el recogimiento, para no arrojar combustible en delicado tema que involucra a la cultura, esa que les está faltando.
En respuesta al Director Adjunto del periódico Penguien-News John Fowler
La frustración de los habitantes de las islas, por ocupar la figura de convidados de piedra, como lo explicaría en sus términos Tirso de Molina es comprensible, pero no resultado del capricho argentino o ingles, sino fundado en los hechos históricos, en la naturaleza geográfica, en el derecho internacional y en la forma en que el poder político ingles pobló los mares del sur, que por lo expuesto en su periódico, Inglaterra aún no aclaran por completo.
El status internacional del conflicto es de “territorio no autónomo en proceso de descolonización desde 1965”. Es decir, hay una usurpación territorial, por parte de una potencia que adjunta como colonia territorios extranjeros. La resultante es que los habitantes del territorio usurpado, tienen nacionalidad británica. En otras palabras, los habitantes no autóctonos sino colonia injertada en las islas, no constituyen parte definida de un conflicto internacional entre el país que les otorga la nacionalidad (Inglaterra) y el país que reclama la soberanía (Argentina).
Inglaterra mantiene las colonias para la explotación, sea económica o estratégica en la geopolítica militar internacional, mientras que Argentina reclama la soberanía de su territorio con carácter irrenunciable, no motivado por cuestiones económicas o estratégicas, sino histórico-políticas. El segundo elemento fundamental es geográfico. Las islas Malvinas están en América y no al continente europeo, ello impide por obvias razones la continuidad inglesa como ocupación colonial en connivencia con la UE y los EEUU. Su única razón, es el poderío de la fuerza, el militar.
No favorece alimentar el imaginario isleño con argumentos que pretenden adoctrinar en la reclamación del derecho de autodeterminación de los pueblos tal como Ud. expresa, ello distorsiona la realidad, que es la única verdad...
Estimo que sus declaraciones son en Buena Fe y no encubriendo la demagogia estratégica y desesperada de David Cameron, que intenta salvar su política de ajuste interna, y su imagen frente a los habitantes en las islas. Artilugios a fin de no escuchar la razonabilidad del reclamo argentino.
El gobierno británico esquivó hablar de soberanía hasta hoy, mientras Ud. pretende sentarse a hablar de ello como isleño. Ambos tienen un punto en común si no es de Inglaterra no es de nadie, es decir, no ceder ante Argentina en particular, ni ante la América ibérica de modo indirecto, el derecho que le asiste sobre sus tierras.
Hay argumentos de cada parte, pero además, la información sobre el conflicto ha de ser útil para comprender cada parte, y la comunidad malvinense tiene tal derecho a información y no al adoctrinamiento como en la ex URSS, o la Alemania de Hitler. El adoctrinamiento, la información incompleta y/o errónea, provoca rechazo, miedo y mala predisposición al diálogo, y acusa irracionalidad frente a las verdades históricas. En este conflicto,tal dialogo se ve más empañado desde 1982, con decisiones y declaraciones funcionales a la política del miedo, la amenaza desproporcionada y el odio.
Si bien la política argentina tiene enormes dificultades, ocurre lo propio en su país. Si por escándalos de corrupción, prostitución y conductas inciviles se trata, tiene ejemplos y representantes electos en Londres como en Buenos Aires. Aunque hemos de reconocer que la calidad de vida inglesa es mayor que la argentina, pese a que los recursos argentinos sean mayores.
Pero también ha de reconocer Ud. que una posición inglesa cerrada sobre la soberanía, juega hoy un rol de válvula de escape en Londres como en Bs, As., toda vez que se utilizan para exacerbar los ánimos, desviar la atención y ocultar los déficit políticos internos (corrupción y abusos sobre los pueblos) a ambos lados del océano, y no menos encomiable resulta en las Islas, esconder los riesgos de dañar irreparablemente el ecosistema de los Mares del Sur, por extraer aceite negro de su plataforma submarina, con pretensión de titularidad se arriesga en convertir Las Malvinas y el vértice sur Argentino-Chileno en otro Golfo de Méjico.
Aquello que recorrió el Golfo de Mejico hasta las costas de los EEUU por BP, sumada a las sucesivas e interminables guerras petroleras en que participa Inglaterra y la OTAN, en base a falsedades, mentiras e imaginarios de alucinaciones, no constituyen medallas de orgullo, ni un pase libre para entrar en el paraíso.
La escalada de declaraciones del Sr. Cameron, incluida las suyas, no ayudan a la convivencia ni contribuyen (interpreto) a una comunión, por el contrario, prevalece el afan lucrativo de una riqueza que los británicos confirman por las sospechas de petróleo en las Islas, y que ocultaran otras tantas décadas pasadas.
No creo que los malvinenses estén dispuestos a acabar con el ecosistema en torno a las Islas repitiendo lo de Méjico, y si acaso sus conciencias lo consintieran, acabarían con aquello que Ud. reclama para abandonarlo y migrar en masa luego de arruinarlo, pero con los bolsillos llenos. Quizá tal autodeterminación esconda la exaltación de la riqueza, un materialismo excesivo y egoísta, digno digno del hipercapitalismo, o excusa de un progresismo harto-optimista, cuya euforia de oro negro le impide observar los efectos secundarios.
No podemos, argentinos y británicos permitir semejante barbarie, ni permitir la irresponsabilidad dirigencial de declaraciones nos conduzca al punto sin retorno y abandono de la paz, como otras veces ha ocurrido. Tampoco podemos permitirnos crear falsas expectativas en base a mala calidad de información.
Esta sucinta explicación que Ud. reclamaba, como voz y voto en un conflicto que claramente enfrenta por la soberanía a dos naciones y dos continentes, no nos sorprende. En el siglo XXI, las razones siguen siendo las mismas que en el siglo XIX, y que por su peso invitan a evolucionar: La historia, la geografía y la razonabilidad.
Inglaterra, España Dinamarca o la entera UE, pueden anclarse en la edad media junto a su monarquías constitucionales. Es una decisión válida y respetable, si es deseo de sus pueblos y clases políticas, y se encargan de financiar con sus espaldas las vetustas instituciones.
Pero deben discontinuar el pensamiento de convertir occidente y el mundo en una monarquía a su medida, donde quienes vivimos en América constituimos una clase inferior, que debe pedir permisos o pagar peajes para mover un pié en nuestras tierras, y como clase subordinada financiar el despilfarro de vuestras instituciones. Es inaceptable, tanto como la ruina ecológica de los Mares del Sur al mejor estilo de la que ocurre (y se calla) en el Canal de la Mancha.
Mi sensación Sr. Fowler, es que convocar en su texto la era de Internet, Twitter o Facebook, no convierte a las nuevas tecnologías en símbolo de la evolución, no suprime los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, ni otorga derecho, institución, voz ni voto alguno a los habitantes de las islas para pretender una autodeterminación.
La evolución fundada, no son artefactos ni intangibles de nuevas tecnologías. Evolución en el siglo XXI como en el siglo XV, es aceptar y poner en práctica la razonabilidad y el diálogo, y enfrentar desde el honor el juicio de la historia. Entre Londres y Puerto argentino (Stanley) existe una inconmensurable distancia que no justifica el ejercicio de la soberanía sobre un territorio que se encuentra dentro de otro continente.
Los argumentos de historia y geografía, de ocupación armada por sangre, constituyen tres elementos centrales que deja sin consideración. Su memoria vivencial no lo retrotrae a 1833, aún cuando le irrite el tema. Pero 1833 constituye un hecho de ocupación, injerto arbitrario y antinatural al sentido común.
Es el propio status de colonia inglesa la definición que da lugar al reclamo argentino y anula el derecho de autodeterminación que reclama Ud. Todo sumado, clarifica con impecable tinta, que el trasplante de nacionales de Inglaterra a las Islas Malvinas en los 180 años de ocupación, no pueden pretender derechos de autonomía, ni siquiera en disposición de sentarse en la mesa de negociaciones.
Estimado amigo, Ud. tiene nacionalidad británica, y pleno derecho a tener la ciudadanía argentina. Lo invito a hacer uso de ésta última y sumarse a nuestra comunidad, ponerse la camiseta y gritar los goles Messi y Maradona, y ser hincha de River Plate.
El territorio prospero que Ud. define no es de su propiedad, su riqueza no pertenece a los malvinenses, sino de todos los argentinos. Al límite, una riqueza americana (como la belleza del Golfo de Méjico y Punta del Este en Uruguay). Esa riqueza ni siquiera es del gobierno argentino, sino de quienes habitan en La Pampa, Jujuy o Tierra del Fuego, como no es propiedad de Buenos Aires su cultura ni las vacas del pampeano, la titularidad es de todos en común, de la “comunidad y de cada uno de sus miembros”.. Tal prosperidad malvinense tiene una soberanía que disputamos argentinos e ingleses.
Por tanto, el universo paralelo o virtual que elucubra el propósito de acceder a la discusión de soberanía es ilusorio, como ilusorio que nos gobiernen desde Twitter o Facebook (como acuñan los religiosos tecnologístas), donde todos opinan por deporte. Es más fácil recurrir a la memoria que a la historia y la razonabilidad. La primera no es sistematizada y puede ser manipulada, pero la segunda es más certera, aunque el universo virtual pretende desvirtuarla.
En un escenario futuro, los argentinos dejaríamos el gobierno local (el municipio de Las Malvinas) a la elección democrática de los argentinos en las isla, de Udes. mismos, ejerciendo el federalismo que Juan Manuel de Rosas impulsó desde 1829.
Puede que exista el riesgo de empobrecer el archipiélago, puede ser tan real como real es la decadente y anticuada organización política, económica y social del autoproclamado primer mundo. Tan real como los símbolos ingleses que que marcan su pasaporte hoy.
Pero es posible también, que succionen la riqueza del territorio de Las Malvinas (y todo cuanto sea necesario) para pagar los ajustados salarios políticos, funcionarios, ejércitos, y las viejas monarquías, o continuar alimentando la industria de la contaminación, desechando las islas luego de enfermar sus tierras. Esto es lo que está por escribirse...
Ese escenario económico que tanto le preocupa, ha dejado de lado el escenario político y social, el de una comunidad que con los brazos abiertos espera, orgullosa de su hispanidad, de sus lenguas autóctonas y el español heredado, del honor que representa ser parte de un pueblo que se siente argentino, viva donde viva, como quienes viven a 15.000 km de Bs As. No somos argentinos por la riqueza material explorada en secreto, sino porque compartimos territorio e historia, geografía y lazos, que nos hacen Ser, con nuestros defectos y nuestras virtudes, aspirantes a criollos e hijos de gringos.
Sr. Fowler, no olvide jamás que en todo escenario, argentinos e ingleses estamos obligados a entendernos. No es intensión de los argentinos desalojar a nadie, por el contrario los reconocemos argentinos. Pero si resiste Ud. y sus seguidores tal reflexión, se encuentra ante la posibilidad de ejercer su legítima posición en este conflicto: La elección.
Ud. y la de los habitantes de Las Malvinas, pueden y deben tomar posición con plena libertad, pueden seguir conservando su status de colonos ingleses, con nacionalidad inglesa, o ser argentinos. Pueden quedarse en territorio argentino o elegir marcharse, es la decisión que tienen por discernir vuestras conciencias. Pero ante todo, su tinta digital, las declaraciones de Cameron como primer ministro y las instituciones, deben llevar el conflicto hacia el entendimiento. Tenemos lazos históricos, culturales y parentales positivos que no podemos perder, ni argentinos ni ingleses.
Lo ocurrido en 1982, debe dejar el uso ideológico que se le está dando, sembrando miedos entre los isleños y odio a los de la otra costa. En el bagaje intelectual donde operan los valores de las personas y la fortaleza de su sostenibilidad, debe imperar el espíritu de paz y buena fe.
No es de bien nacido ser desagradecido y usar la memoria del corto plazo para sembrar rencores en aquello que pasó ayer, y olvidar que en la profundidad del largo plazo intergeneracional, hay una historia profunda que existe y no resiste negación alguna.
Se corre el riesgo que en su nebulosa, la memoria olvide que una vez en las Islas habían habitantes autóctonos, que no fueron desalojados ni desterrados, ni siquiera pudieron morir de hipotermina en sus tierras, a causa del método de los ilustrados y civilizados que bajaron del barco de combate en 1833.
También los indígenas, gauchos y criollos tenemos derechos humanos, y derecho a vivir, pisar, entrar y salir de nuestras tierras. No somos los responsables del orden jurídico internacional, ni participamos grosso modo en su construcción. Fueron Udes., y los demás imperios quienes hicieron las reglas que hoy les juega en contra.
Enterremos de una vez y con buena fe los desacuerdos, y miremos al futuro con optimismo y razonabilidad. Hermanos y compatriotas, Argentina los espera...
Gustavo Julio García – Ciudadano Argentino y aprendiz de criollo...
La redefinición del rol sindical

Cuando gobiernan los amigos, algunos tienen por costumbre mirar a otro lado si gradualmente se afectan los derechos laborales, para saltar como gatos acorralados cuando el gobierno lo ejercen los opuestos, los de enfrente.
Pese a que el siglo XX, cuna de la masificación laboral y eliminación cuasi absoluta del gremio como idea de comunidad, produjo una extensión de los sindicatos hasta 25 años antes de tal periodo, los sindicatos han experimentado mermas, exponencialmente mayores cuanto mayor impulso tomaron las políticas neoliberales, y las consecuentes claudicaciones sectoriales, tanto de la representación laboral como de los partidos o movimientos sociales.
La realidad del primer decenio del siglo XXI, se adosa al último cuarto de siglo pasado. Mermas ante una claudicación evidente, de derechos y de soberanía sobre su defensa, al compás de una música que la plutocracia impone. Y aunque “naides” se anime a reconocerlo, la democracia y las organizaciones sociales parecen figuras pintadas en las paredes de nuestra conciencia.
Los sindicatos saben, como las organizaciones sociales, que necesitan una redefinición de su rol, que la ambigüedad que presentan en los últimos 40 años, es inviable. Es decir, si gobiernan amigos o no, ello no puede determinar la actitud y el rol de la presencia sindical en la vida de la comunidad. Toda institución que no cumpla su función caduca y culmina muriendo.
El derecho de los trabajadores no es solo el trabajo, no termina en el salario. Es una integridad de elementos que confluyen en una calidad de vida acorde a los tiempos corrientes. La empresa, en su última avanzada por justificar su existencia, no cederá un ápice en su imperio y conquista. Y el sindicalismo no puede abandonar la lucha frente a la embestida.
Es la organización social la que caduca por entero, es la empresa como tal y su organización, las instituciones de gobierno como tales y los sindicatos, quienes tienen fecha de caducidad impresas en sus frascos. Por tanto, todo movimiento social está avocado al fracaso si no es capaz de implementar el necesario cambio hacia la transformación de su organización para acomodarla a los tiempos que llegan.
Los sindicatos son la columna vertebral mayor de la sociedad, constituyen la representación natural frente a las corporaciones que por la acción de la sinergia de poder pueden capturarlos, y hacerlos instrumentos de sus intereses. En el gobierno de los amigos los usan para acallar, en el gobierno de los de enfrente los usan para inculpar la inestabilidad. Por tanto es necesario ejercer equilibrio y equidad, los representados exigena una posición coherente, sustentable y razonable, que adopten actitudes de defensa hoy en prospectiva de futuro.
Sacrificar el futuro en la defensa obtusa hoy, es un mal negocio, como lo es la claudicación actual de la lucha en defensa del futuro. Los sindicatos deben urgente, redefinir el rol sindical, puesto que la comunidad necesita de los sindicatos, como de todas las organizaciones sectoriales, a fin de no caer en la dictadura de ninguna. Es necesario el debate y la puesta en marcha de una nueva montura, acorde a los tiempos, desde ya, mañana estarán caducados...